TORMENTAS
Las tejas lloran la ausencia de los gatos
y mojan la piel de un ermitaño muerto,
zapatos con el timón roto
buscan su puerto en las aceras
y la noche, con un alfiler en la boca,
inundada de ríos diminutos
toca el piano en las ventanas.
El agua pide silencio con canaleras rojas
y desagües embozados,
en los paraguas las lágrimas toman color
verde.
Hay calcetines con pan de rana en el talón
y una salamandra que ha perdido un lunar
amarillo,
los borrachos duermen ahogados con la lengua
fuera
y sueñan con libianos en los portales
mientras, la noche quieta,
devora el ozono de las tormentas.
Joaquín Pintael Martínez